sábado, 4 de abril de 2015

MLK

Today is the anniversary of Martin Luther King’s assassination, in 1968. I rembember it as if were yesterday. I was in my last year of high school and had only two classes left, American History and Social Studies, taught by a gifted radical educator, part Sioux, one of the few authoritive voices near me opposed to the Vietnam War then raging in SE Asia. In the afternoons I worked downtown in the basement repair shop of a Singer sewing machine outlet, fixing machines and occasionally delivering new ones around the San Joaquin Valley to suburban housewives and sometimes to Mexican women who lived in the farmworker camps. When the news of King’s tragic death came over the radio, my boss, a sullen Okie from Muskogee, suddenly gloated, glad “that nigger finally got what’s comin’ to him”. I had to make a delivery some 20 miles away in Crows Landing. I got in the van, tears welling, and drove that country road like a maniac, full of rage. The temperature gauge shot to red and I ended up cracking the block. A big cloud of black smoke shot out the exhaust. Simultaneously the whole land blew a head gasket, with riots breaking out all over the country… and black neighborhoods going up in smoke…

In a speech he gave a year before he was killed called “A Sweeter Music” King makes use of his skill for encoding message in metaphor. He talks about the need to work actively for peace. Nonviolence is not passive, he stresses. He draws on Greek mythology to recall the story of Ulysses and the Sirens.

“The Sirens had the ability to sing so sweetly that sailors could not resist steering toward their island. Many ships were lured upon the rocks, and men… flung themselves into the sea to be embraced by arms that drew them down to death. Ulysses, determined not to succumb to the Sirens, first decided to tie himself tightly to the mast of his boat, and his crew stuffed their ears with wax. But finally he and his crew learned a better way to save themselves: They took on board the beautiful singer Orpheus, whose melodies were sweeter than the music of the Sirens… So those of us who work for peace must learn to sing with a sweeter voice, a cosmic melody far superior to the discords of war…”




Hoy es el aniversario del asesinato de Martin Luther King, en 1968. Lo recuerdo como si fuera ayer. Estaba en mi último año de bachillerato y tenía sólo dos asignaturas a completar, Historia EEUU y Sociales, a cargo de un educador radical, muy dotado y medio Sioux, una de las pocas voces cercanas a mí opuestas a la guerra de Vietnam, que entonces azotaba en el sureste de Asia. Por las tardes yo trabajaba en el sótano de una tienda de máquinas de coser Singer en el taller de reparación, arreglando máquinas viejas y haciendo la entrega de las nuevas, por todo el Valle de San Joaquín, a las amas de casa y algunas veces a las campesinas mexicanas que vivían en barracas.

Cuando la noticia de la trágica muerte de King llegó por la radio, mi jefe, un tipo hosco de Oklahoma, de repente se regodeó, contento de que "ese negro de mierda finalmente recibió su merecido". En ese momento me tocó hacer una entrega a unos 30 kilómetros de distancia a Crows Landing. Con lágrimas y lleno de rabia me metí en la furgoneta y conduje de manera alocada por una carretera secundaria. El indicador de temperatura disparó a rojo y terminé por destrozar el motor. Una gran nube de humo negro salió disparada del tubo de escape. Al mismo tiempo toda la nación explotó en alborotos, con grandes disturbios por todo el país... y barrios negros enteros se convirtieron en humo...

En un discurso que dio un año antes de ser asesinado llamado "Una música más dulce" Martin Luther King esgrime su habilidad para codificar el mensaje en la metáfora. Primero, habla de la necesidad de trabajar activamente por la paz. La no-violencia no es pasiva, subraya. Después, se basa en la mitología griega para recordar la historia de Ulises y las Sirenas:

"Las Sirenas tenían la habilidad de cantar tan dulcemente que los marineros no pudieron resistir la tentación de navegar hacia su isla. Muchos barcos se rompieron sobre las rocas, y los hombres se lanzaron al mar para ser abrazados por mujeres que les atrajo abajo hasta la muerte. Ulises, decidido a no ser seducido por las Sirenas, primero decidió atarse firmemente al mástil de su barco mientras los miembros de su tripulación taparon los oídos con cera. Pero finalmente él aprendió una mejor manera de salvarse: se llevó a bordo el poeta Orfeo, cuyas melodías eran más dulces que la música de las Sirenas ... Así que nosotros, que trabajamos por la paz, debemos aprender a cantar con una voz más dulce, una melodía cósmica superior a las discordias de la guerra ..."

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